En la Semana Mundial de la Lactancia Materna, una invitación a reflexionar sobre el papel que tienen las organizaciones para que ninguna mujer tenga que elegir entre alimentar a su bebé y desarrollar su carrera profesional.
La licencia de maternidad tiene una fecha de finalización. La lactancia, no. Y es justamente en ese momento cuando las empresas tienen la oportunidad de demostrar si el cuidado forma parte de su cultura o solo de su discurso.
Vivimos una época en la que las organizaciones hablan cada vez más de sostenibilidad, bienestar e igualdad de género. Sin embargo, pocas veces incorporamos una palabra que sostiene todas esas conversaciones: el cuidado.
La lactancia materna es una de sus expresiones más poderosas. Conocemos sus beneficios para la salud del bebé y de la madre, su aporte a la economía familiar y su contribución a un modelo de consumo más sostenible. Pero hay una pregunta que todavía hacemos muy poco: ¿qué ocurre cuando una mujer regresa al trabajo?
He tenido el privilegio de vivir la lactancia desde tres lugares distintos: como madre, como especialista en género y como directora ejecutiva de la Iniciativa de Paridad de Género. Desde esas tres experiencias he llegado a una misma conclusión: el éxito de la lactancia no depende únicamente de la decisión de una mujer; depende, en gran medida, de las condiciones que el entorno crea para hacerla posible. Y cuando termina la licencia de maternidad, las empresas pasan a formar parte de ese entorno.
Con frecuencia escucho la misma frase de madres que se preparan para regresar a sus labores: «Quiero seguir lactando, pero no sé si voy a poder.» No porque les falte compromiso, sino porque desconocen si encontrarán las condiciones necesarias para continuar.
Imaginemos dos realidades.
Una madre busca un espacio improvisado, sin buenas condiciones para extraerse leche y mira constantemente el reloj porque teme que cuestionen el tiempo que necesita.
Otra entra a una sala de lactancia limpia y privada. Su jefatura respeta esos espacios y su equipo entiende que proteger la lactancia también es proteger la salud y el bienestar.
Ambas desean exactamente lo mismo: seguir alimentando a sus bebés.
Lo que cambia no es su compromiso. Lo que cambia es el entorno.
La lactancia no necesita heroínas; necesita entornos que la hagan posible.
Crear las condiciones para que la lactancia continúe después del regreso al trabajo no es solo una medida de bienestar. Es una decisión estratégica que favorece la conciliación entre la vida laboral y familiar, mejora la retención del talento, reduce el ausentismo y fortalece una cultura organizacional coherente con la sostenibilidad y la igualdad de género.
Ser una empresa amiga de la lactancia va mucho más allá de habilitar una sala. Significa contar con políticas claras, liderazgos comprometidos y acciones concretas que permitan a las madres continuar lactando cuando regresan a su lugar de trabajo.
Con esa visión elaboramos la Guía para Empresas Amigas de la Lactancia Materna, una herramienta práctica con recomendaciones y buenas prácticas para ayudar a las organizaciones a convertir el compromiso en acciones concretas. No es necesario empezar de cero; basta con dar el primer paso para construir una cultura que haga posible la lactancia después del retorno al trabajo.
En esta Semana Mundial de la Lactancia Materna, la invitación es simple: descarguen la guía, compártanla con sus equipos de Recursos Humanos, Sostenibilidad y Salud Ocupacional, y pregúntense qué pueden hacer desde hoy para convertirse en una Empresa Amiga de la Lactancia.
revisa y conoce la guía para las organizaciones: AQUÍ
