
En un entorno marcado por cambios sociales, económicos e institucionales, comprender el vínculo entre confianza, empresa y sostenibilidad resulta clave para avanzar hacia sociedades más resilientes y cohesionadas. En esta línea, Lis Maldonado se suma a esta reflexión, aportando una mirada que conecta evidencia, contexto local y el rol estratégico de las organizaciones en la reconstrucción de la confianza.
Algo se ha erosionado en la relación entre las personas y las instituciones. El World Economic Forum describe este momento como una etapa marcada por la fragmentación y la competencia entre bloques. El Barómetro de Confianza de Edelman 2026 lo plantea con claridad: vivimos en sociedades donde confiamos cada vez menos en el sistema y cada vez más en quienes sentimos cercanos. Lo denominan “insularidad”. Y mientras tanto en Panamá, la IV Encuesta de Ciudadanía y Derechos del CIEPS muestra que la benevolencia: la preocupación por el bienestar del círculo cercano es el valor más importante para la población. Similitudes: todas.
En este escenario, suele pensarse que las empresas son meras espectadoras del clima de desconfianza o incluso víctimas de él. Sin embargo, los datos muestran otra realidad. En Panamá, la empresa en particular la pequeña y mediana y los bancos se encuentran entre los actores con mejor valoración e influencia ante la ciudadaníaa, según el CIEPS. Esto ocurre, además, en un país donde los principales riesgos identificados están asociados a la insuficiencia de servicios públicos y a la falta de oportunidades económicas, falta de talento y el acceso a la educación.
Aquí surge una oportunidad relevante. No una oportunidad de imagen, sino de rol. En un entorno de desconfianza institucional, la empresa puede actuar como intermediario de confianza el “trust broker” que describe Edelman. Las personas quieren que el empleador sea ese transformador, el que ayude a reconstruir ese vínculo en una sociedad fragmentada, reduzca tensiones y conecte los intereses desde su ámbito de actuación.
La coherencia como activo estratégico
El primer Track Pulso de la sostenibilidad, impulsado por Sumarse junto a DIRCOM Panamá, confirmó algo que muchas organizaciones ya intuyen: hoy la sostenibilidad se juega menos en narrativas bien intencionadas y emocionales y más en coherencia. Comunicar no es decir más, sino explicar mejor. Explicar qué se hace, por qué se hace y qué impacto concreto tiene en la vida cotidiana de las personas.
La coherencia entre la estrategia de sostenibilidad y las decisiones operativas se consolida, así como un activo de gestión. Cuando el relato no se apoya en hechos, indicadores o acciones visibles, la credibilidad se erosiona, incluso con buenas intenciones. En cambio, cuando las empresas logran conectar su actividad con impactos tangibles en temas que realmente preocupan a nuestra ciudadanía (considerado el stakeholder más relevante en el Pulso de la sostenibilidad), se construye confianza.
El Pulso de la sostenibilidad también evidenció que esta coherencia debe trasladarse a los canales y formatos. No todos los públicos confían ni se informan de la misma manera. La confianza se construye allí donde ocurren los impactos y donde las personas buscan respuestas, no necesariamente donde las organizaciones están acostumbradas a comunicar.
La confianza también se gestiona desde dentro
El Barómetro de Edelman señala otro punto clave: en un contexto de desconfianza generalizada, el empleador es una de las instituciones más confiables. Esto convierte a la empresa en un espacio central para generar comprensión y sentido en medio de tanto caos. Cada decisión interna —desde cómo se gestiona el talento hasta cómo se comunica una prioridad estratégica— tiene un efecto que trasciende la organización.
El Pulso de la Sostenibilidad evidencia una brecha relevante en este punto. Los CEO perciben una falta de preparación en sostenibilidad desde comunicación, y los propios dircoms reconocen esa debilidad. Lejos de ser una crítica, es una oportunidad estratégica. Fortalecer capacidades internas permite comunicar con mayor criterio, ordenar expectativas y sostener mensajes coherentes en el tiempo.
No se trata de que las empresas sustituyan al Estado ni de asumir responsabilidades que no les corresponden. Se trata de reconocer que, en un país fragmentado, cada decisión empresarial envía una señal. Incluso cuando no se comunica nada.
Integrar los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en la toma de decisiones diarias no solo ordena la gestión interna y gestiona los riesgos. Contribuye a construir confianza en un contexto que la necesita con urgencia.


Grupo de participantes de El primer Track Pulso de la sostenibilidad, impulsado por Sumarse junto a DIRCOM Panamá.
