Hablar de bienestar integral también implica reconocer el papel fundamental del movimiento en nuestra vida cotidiana. En un entorno marcado por jornadas extensas, trabajo sedentario y rutinas cada vez más estáticas, el cuerpo suele enviar señales que pasan desapercibidas hasta que se transforman en molestias, dolores o lesiones.

En esta conversación, Ricardo José Sánchez Vásquez, director general de Terapistas Físicos Nacionales, comparte una mirada clara y práctica sobre la importancia de la actividad física, la prevención y la conciencia corporal como pilares para una mejor calidad de vida. A través de recomendaciones sencillas y reflexiones basadas en la experiencia, nos invita a repensar la forma en que nos movemos, trabajamos y cuidamos nuestra salud día a día.
¿Cómo impacta el movimiento y la actividad física en nuestra salud integral?
El movimiento y la actividad física son tan necesarios como tomar agua o respirar para preservar una buena salud integral. Nuestro metabolismo, el conjunto de procesos internos que nos mantienen con vida funciona de manera óptima gracias al dinamismo. Desde la primera chispa de vida hasta nuestro último aliento, el cuerpo está diseñado para moverse; nunca se detiene. Por el contrario, el estaticismo prolongado y el estilo de vida sedentario aceleran los procesos de deterioro y abren la puerta al desarrollo de enfermedades que limitan la calidad de vida.
¿Cuáles son los errores más comunes en la rutina diaria que afectan nuestro cuerpo?
Uno de los errores más comunes es acostumbrar el cuerpo a una rutina basada en moverse lo menos posible. Esto incluye desde buscar comodidad en espacios donde permanecemos largos periodos como los puestos de trabajo frente a computadoras hasta tomar decisiones cotidianas donde el esfuerzo es mínimo, por ejemplo, elegir el elevador en lugar de usar las escaleras. Cuando estas decisiones se combinan con un estilo de vida sedentario, en el que no se practica actividad física que eleve el metabolismo como hacer deporte semanalmente o caminar varias veces a la semana, se van acumulando consecuencias que impactan negativamente la salud.
¿Por qué es clave desarrollar la prevención y no solo la rehabilitación?
En términos prácticos, porque prevenir es más sencillo, más accesible económicamente y una solución mucho más sostenible en el tiempo que enfrentar las secuelas de una enfermedad. El proceso de recuperación no siempre puede medirse en plazos cortos, ya que depende de múltiples factores relacionados con la severidad de la condición y la respuesta del organismo. Desde una perspectiva organizacional, un plan bien estructurado de prevención de enfermedades y lesiones ocupacionales es siempre la mejor opción. Evitar afectaciones en la salud de los colaboradores reduce la rotación, el ausentismo, la necesidad de entrenar nuevo personal y el abandono de puestos, situaciones que generan costos adicionales sin retorno para las empresas.
¿Qué recomendaciones prácticas daría a personas con jornadas largas o trabajo de oficina?
- Cambiar la postura estática cada 30 minutos.
- Si el trabajo implica permanecer sentado por largos periodos, levantarse cada 30 minutos y realizar estiramientos de los músculos que presenten mayor sobrecarga o molestia.
- Mantener posturas alineadas dentro de los rangos fisiológicos del cuerpo para disminuir el estrés en las estructuras.
- Prestar atención a los síntomas que el cuerpo manifiesta, especialmente tras largos periodos realizando la misma actividad; el cuerpo comunica cuando algo no está bien.
- Realizar evaluaciones de los puestos de trabajo para identificar riesgos y hacer las modificaciones necesarias que los hagan más saludables.
- Mejorar la aptitud física entrenando los grupos musculares que se ven más exigidos durante la jornada laboral.
¿Cómo se relaciona el estado emocional con tensiones, dolores y lesiones físicas?
Desde el punto de vista fisiológico, nuestras emociones y estados de ánimo están regulados por neurotransmisores y hormonas producidas por el cuerpo, a través del sistema nervioso y endocrino. Sin embargo, es posible influir en la secreción de estas sustancias y, en cierta medida, regular cómo nos sentimos.
Actividades como el ejercicio físico estimulan la producción de estos químicos, contribuyendo no solo al bienestar emocional, sino también a la prevención de molestias físicas y a esa sensación de equilibrio y bienestar que tanto reconforta.
¿Qué consejo sencillo nos daría para iniciar el año cuidando el cuerpo, sin cambios drásticos?
Tomar más agua, moverse más, reírse más y dormir mejor. Hacerlo todos los días.
El movimiento no es un complemento opcional del bienestar, sino una necesidad esencial para sostener la salud física, emocional y mental a lo largo del tiempo. Pequeñas decisiones diarias cambiar de postura, caminar más, escuchar al cuerpo pueden generar un impacto profundo cuando se convierten en hábitos constantes.
Esta conversación nos recuerda que la prevención es una forma de sostenibilidad personal y organizacional. Cuidar el cuerpo hoy permite evitar limitaciones mañana y construir una vida más equilibrada, activa y consciente. Moverse más, atender las señales del cuerpo y priorizar el bienestar es, en esencia, una inversión diaria en calidad de vida.
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