- Transformar la forma en que producimos y consumimos energía va más allá de cambiar tecnologías. Es repensar el modelo de desarrollo, anticiparse a los riesgos y tomar decisiones que impactan el presente y el futuro del país
En un contexto global donde la situación climática y la transformación de los mercados energéticos, Panamá avanza en la construcción de un sistema energético más limpio, resiliente y eficiente. Este fue el eje central del Track de Transición Energética, un espacio que reunió a expertos del sector público y privado para reflexionar sobre los desafíos, oportunidades y tendencias que están redefiniendo el futuro energético del país.
Desde la apertura del encuentro, se destacó que la transición energética va más allá de una agenda ambiental. Se trata, también, de una oportunidad estratégica para fortalecer la competitividad empresarial, impulsar la innovación y garantizar la sostenibilidad a largo plazo. En palabras del exsecretario de Energía, Jorge Rivera: “La transición energética no se limita al impacto ambiental; cada vez es más competitiva frente a las opciones tradicionales y se convierte en un elemento clave de seguridad energética en un mundo marcado por tensiones geopolíticas”.
Durante su intervención, Rivera ofreció una mirada integral del panorama energético, subrayando la importancia de equilibrar tres pilares fundamentales: seguridad energética, asequibilidad y sostenibilidad. Este enfoque, conocido como las “3D” de la transición descarbonización, digitalización y democratización, refleja cómo los sistemas energéticos están evolucionando hacia modelos más participativos, eficientes y bajos en emisiones. Además, hizo énfasis en que este proceso debe entenderse como una transición progresiva: “No es una revolución energética, sino un proceso que debe gestionarse de manera equilibrada, garantizando la continuidad y la calidad del servicio”.
El espacio también permitió revisar la evolución del sistema energético panameño en las últimas décadas. Edgar Iván Covich, director de asuntos corporativos de AES, explicó cómo el país ha transitado desde una matriz dependiente del agua y los combustibles fósiles hacia una diversificación más robusta. Recordó momentos álgidos como la crisis energética de 2014, cuando la escasez hídrica evidenció la vulnerabilidad del sistema. “Ese año nos quedamos sin suficiente capacidad para abastecer la demanda, lo que obligó a tomar medidas extraordinarias. A partir de ahí, el país entendió la necesidad de diversificar su matriz energética”, señaló.
Este punto marcó un antes y un después en la planificación energética nacional, dando paso a la incorporación del gas natural como fuente de transición y al impulso de nuevas tecnologías. Según Covich, este proceso ha sido ordenado y estratégico: “Panamá ha llevado esta transición de manera progresiva, integrando nuevas tecnologías que fortalecen la seguridad del sistema y reducen riesgos ante eventos climáticos o de mercado”.
El tercer bloque del encuentro puso el foco en el crecimiento del sector solar y el rol del ecosistema empresarial en la aceleración de energías renovables. Jesús González abordó el potencial de estas tecnologías, destacando su rápida expansión y su capacidad para transformar la relación entre consumidores y energía. “Las tecnologías solares están creciendo a tasas muy altas y están permitiendo que los usuarios pasen de ser solo consumidores a actores activos dentro del sistema energético”, afirmó.
Este fenómeno, vinculado a la democratización energética, abre nuevas oportunidades para empresas y ciudadanos, al tiempo que plantea retos importantes en términos de regulación, infraestructura y adopción tecnológica. La digitalización, el uso de datos y la innovación serán claves para gestionar estos cambios de manera eficiente.
A lo largo del encuentro, quedó claro que la transición energética en Panamá no es un concepto abstracto, sino una realidad en construcción que exige visión de largo plazo, colaboración multisectorial y decisiones estratégicas. Más que un destino final, se trata de un proceso dinámico que redefine la forma en que se produce, distribuye y consume la energía.
Este tipo de espacios se consolidan como plataformas clave para el diálogo, el aprendizaje y la articulación de esfuerzos. Porque avanzar hacia sistemas energéticos más limpios no solo responde a una necesidad ambiental, sino a una oportunidad concreta para construir un país más resiliente, competitivo y preparado para el futuro.
