Por: Osiris Gratacós de Alvarado, activista por la seguridad vial y fundadora de Educación Vial Panamá.
La seguridad vial en un proyecto de vida, preocupada por mi Panamá, siempre es necesario visibilizar los momentos críticos de este complejo desafío complejo que exige un trabajo conjunto, basado en “principios universales y soluciones locales”, de forma urgente de parte de todos.
La seguridad vial se hace presente en los ODS.

3.6 Reducción de accidentes de tránsito sobre Salud y bienestar y 11.2 Proporcionar acceso al transporte público sobre ciudades y comunidades sostenibles, se hacen presentes.
Tradicionalmente, un accidente se percibe como algo inevitable o fruto de la mala suerte. Sin embargo, lo que ocurre en nuestras calles es predecible y prevenible. Al llamarlos siniestros viales, aceptamos que son fallas del sistema y que, por lo tanto, tenemos el poder y la responsabilidad de evitarlos.
Durante décadas, Panamá ha abordado esta tragedia desde una visión reactiva, culpando casi exclusivamente al factor humano —la imprudencia del peatón o el error del conductor— bajo la premisa de que «educando mejor» detendremos las muertes. Las cifras nos gritan que este enfoque tradicional es insuficiente e incorrecto. Para detener la pérdida de vidas, debemos dejar de pedirle perfección a las personas y empezar a exigirle seguridad al sistema.
El Enfoque de Sistema Seguro integrado, es un concepto que surge entre 1992 y 1997 en el Reino de Países Bajos, en las que se desarrolla la movilidad sostenible y la visión 0, probado con éxito, proponiendo que el sistema vial debe ser indulgente, perdonador del error humano. Este modelo deja de pretender perfección por parte de las personas usuarias; acepta que el error es parte de nuestra naturaleza. Por ello, la infraestructura, los vehículos y las normativas deben estar diseñados para que, cuando ocurra un error, las consecuencias no sean fatales.
En Panamá, esto significa cambiar la pregunta de “¿quién tuvo la culpa?” a “¿por qué falló el sistema?”. Es una red de protección donde, si un hilo se rompe, los demás responden y salvan la vida.
El enfoque de sistema seguro de la seguridad vial reconoce que el sistema de trab según el segundo plan del Decenio de acción para la seguridad vial (2021-2030) propone a los países trabajar en cinco pilares, establecidos por la OPS OMS y Naciones Unidas, estas medidas son:
- Infraestructura vial segura: Vías diseñadas y mantenidas para que «perdonen» las equivocaciones, invitando u obligando a los conductores a transitar correctamente. Necesitamos vías «autoexplicativas» que se entienda como utilizarlas y completas, con calzada, aceras, ciclovías y otros elementos. Debemos trabajar para lograr carreteras 5 estrellas y ejercer inspecciones y auditorías de las vías.
- Vehículos más seguros: Promover que los vehículos que ingresan al país cumplan con estándares mínimos de seguridad activa y pasiva. Que los revisados sean rigurosos y el mantenimiento sea una prioridad. Esto incluye la condición de vehículos usados y antiguos; la detección de conductas de riesgo y otros.
- Uso seguro de las vías de tránsito: Una formación integral es importante, sobre todos a los que van a diseñar las ciudades y las vías; igualmente a las personas usuarias según su perfil para que conozcan su rol, su responsabilidad y estén consientes de la vulnerabilidad del ser humano y la necesidad de llevar una interacción empática. Al aplicar las leyes, se deben lograr medidas para prevenir la corrupción evitando que pierda credibilidad y fuerza ante la sociedad. Las primas de seguro pueden incentivar a sus clientes con beneficios y no castigo.
- Dejar atrás los límites en tiempos de entrega que colocan en situación de riesgo a las personas
4. Transporte multimodal y planificación del uso de la tierra: El mejor viaje es el que se puede hacer sin vehículo. La planificación del suelo dicta qué tan lejos están las personas de sus destinos. Las vías deben ser completas, de bajas velocidades en comunidades, con áreas verdes y espacios públicos para disfrutar y para desincentivar la velocidad y el uso mismo del vehículo. La multimodalidad requiere infraestructura, segregando usuarios mientras se reduce la exposición al riesgo.
- La Ciudad de los 15 Minutos: Diseñar barrios donde todos los servicios básicos sean alcanzables caminando o en bicicleta. Al reducir el volumen de autos, se reduce estadísticamente la probabilidad de colisiones.
- Atención post-siniestro: El tiempo entre el siniestro vial o accidente de tránsito y la atención determina la probabilidad de sobrevivir o atender lesiones, esto requiere hospitales y vehículos de emergencia que respondan. Esto incluye la atención psicológico y la formación en Primeros Auxilios en el sistema educativo, empresas e instituciones.
Este enfoque del sistema seguro presenta una serie de principios, identificados en el Foro Internacional de Transporte/OCDE.
- La falibilidad humana: El ser humano comete errores, se equivoca constante e irremediablemente, el ser humano es impredecible. Tomamos malas decisiones, calculamos mal, padecemos condiciones de salud, nos distraemos, sucumbimos a la fatiga y más.
Implicación: Pretender que la seguridad vial descanse en que las personas van a hacer sus roles de manera perfecta, sin errores es imposible. El sistema (la vía y el vehículo) debe estar diseñado para absorber ese error sin que el resultado sea la muerte.
2. La tolerancia del cuerpo humano (La vulnerabilidad)
El cuerpo humano tiene una capacidad física limitada para absorber energía cinética. Superados ciertos límites de velocidad en un impacto, la muerte es biológicamente inevitable o bien las lesiones serán severas.
Implicación: La gestión de la velocidad es el corazón de este principio. Por ejemplo, un peatón tiene un 90% de probabilidades de sobrevivir si es atropellado a 30 km/h, pero menos del 20% si el vehículo va a 50 km/h. El sistema debe garantizar que las fuerzas de colisión se mantengan por debajo de los umbrales de supervivencia.
3. Redundancia: Este principio dicta que si una capa del sistema falla, otra debe estar allí para salvar la vida. Es como el concepto de «defensa en profundidad».
Ejemplo: Si un conductor se distrae (falla humana) y se sale de su carril, el vehículo debería avisarle con una alerta (vehículos más seguros) o la carretera debería tener bandas sonoras o una barrera de protección (infraestructura más segura) para evitar el choque frontal. La seguridad depende de múltiples capas trabajando en sintonía.
4. Responsabilidad compartida (Corresponsabilidad)
Este es un cambio ético profundo. Antes, la culpa era del usuario. Ahora, la responsabilidad se distribuye:
- Los proveedores del sistema: (Ingenieros, diseñadores de vehículos, legisladores, autoridades de tránsito que fiscalizan y toman decisiones, empresas que adquieren flotas vehiculares, las empresas de enseñanza a conducir, los procesadores de las licencias de conducir, las aseguradoras, los servicios de emergencias, la academia) tienen la responsabilidad primaria de garantizar que el sistema sea seguro.
- Las personas usuarias: Tienen la responsabilidad de conocer, respetar y cumplir las normas (usar cinturón, no beber alcohol, respetar límites) así como estar conscientes de su vulnerabilidad.
- El compromiso: Si el usuario falla, los proveedores deben haber diseñado un sistema que lo proteja.
Enfrentamos grandes desafíos en Panamá, y como todos los países que avanzaron en la seguridad vial, debemos empezar reconociendo que la movilidad terrestre es un sistema complejo y que debe situar a la seguridad de las personas en el centro de toda acción.
Debemos comprender que este concepto ha logrado establecer que el ser humano se quivoca y que no puede exigir comportamientos perfectos y que el cuerpo humano el vulnerable.
El objetivo decisivo es garantizar que la interacción entre las personas en sus distintos roles de peatón en todo su universo, el pasajero y el conductor en las vías debe ser segura.
En Panamá se pierden un promedio de 300 personas al año en accidentes de tránsito e innumerables resultan con lesiones severas que les cambia la vida, son todos ellos la muestra de la urgencia con la que debemos afrontar este problema, con la rigurosidad que dicta el salvar la vida de nuestra gente.
Repensar la movilidad es una urgencia ética.
Una premisa reconocida es que la seguridad no es un producto individual, es una responsabilidad colectiva y en cascada que exige intersectorialidad es interinstitucionalidad. Para un país como el nuestro, este es uno de los desafíos.
Otro gran desafío es deponer intereses y colocar la calidad y la vida misma de las personas por encima de todo, para entonces poder acordar los pasos que se debe dar. ¿Está maduro Panamá para enfrentar estos desafíos?


